domingo, 30 de septiembre de 2012

EL JOVEN

Yo no pude evitarlo. Yo era humano
y debo confesarlo: tuve miedo.
Yo no fui voluntario. Me llevaron.
Yo no entendí jamás de rojo o negro.
Yo era un pobre muchacho que acababa
de recibir el grado de Arquitecto.
Pero no sé por qué sonaron tiros
mataron a un señor, se echó el invierno,
y envuelto en una manta sobre un risco
de la sierra, una tarde hacía puesto.
Como yo era creyente y aún rezaba,
estaba terminando el tercer credo,
cuando un tropel de hombres con fusiles
avanzó tan violento,
que en vez de disparar desde la peña,
aún sin saber qué estaba haciendo,
-así dijo el Fiscal en el juicio
que me formó después el Regimiento-
debí permanecer hora tras hora
hasta que me encontrara entre los muertos.
… Arrojando el fusil dejé la peña
humedecido el labio por mis rezos.
No me valió de nada que dijera
razones como puños al Consejo.
¡Si ustedes quieren guerra, vayan solos!
¡Yo vine porque ustedes me trajeron!
Después de hablar y hablar, luego querían
que firmara un papel –dije- ¡No quiero!
¡Yo no quiero firmar! – Bueno, es lo mismo
-me dijo un capitán, que era un veneno-.
Después recuerdo solo dos palabras.
Dos palabras solo: ¡Apunten, fuego!
Y el fa de un nuevo largo
puso acorde final a aquél concierto
que olía a gas y a azufre.
A la sien le nacía un agujero.
¡Se me llenó de luz el alma entera!
¡Se me llenó de sangre todo el pecho!
La Ley es dura, peor es Ley. Cumplida,
se fueron a dormir tan satisfechos.
De todo hace mucho, muchos años.
En aquél sitio donde tuve miedo
han vuelto ya a crecer al aire libre
tomillos y romeros...
Y ahora, en confianza, amigos míos,
ahora ya con medio siglo muerto,
decidme, decidme, ¿es que ninguno,
ninguno de vosotros, tuvo miedo?
¡No, por favor, discursos, nada!
¡Dejemos los discursos patrioteros
en los que nadie cree, ni aún vosotros!
Hablemos vis a vis. Nada de cuentos
Que vuestra profesión es: ser valientes
y como nadie os obligaba a ello,
todo puede exigirse a quien se paga
y vosotros cobrabais por aquello.
Yo era solo un muchacho que acababa
de recibir el grado de Arquitecto.
Yo era solo el anónimo comparsa
a quien reparten el papel de muerto.

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