domingo, 30 de septiembre de 2012

LA MADRE

Del manantial sagrado de mi pecho,
cuatro ríos de vida dio mi sangre,
que al salirse de madre se marcharon
hacia los cuatro puntos cardinales.
Eran Mateo y Marcos, Juan y Lucas,
en su bravura cuatro vendavales.
Los Cuatro Evangelistas los llamaban
-los nombres fue un capricho de su padre-.
Fueron poco a la escuela. Éramos pobres.
Para los pobres todo era bastante.

Marcos y Lucas discutieron mucho.
Juan a Mateo al final dejó de hablarle.
El campo se cubrió de musgo verde
y de amapolas rojas los trigales.
El sol picaba más, cuando a las doce
aún tocaban el ángelus los frailes.
Y mi Marcos y Lucas discutían,
ellos que nunca discutieron antes.
Y Juan y mi Mateo no se hablaban.
¿Por qué será, Señor? Yo, como madre
me preguntaba entre sollozo y rezo,
que es en las madres el mejor lenguaje.
¿Por qué discutirán si son hermanos?
Es como si en el campo, en los trigales,
la espiga discutiera con la espiga,
rama y oliva allá en los olivares,
y el rezo y la intención en los que rezan,
y el amor y el deseo en los amantes.
¿Por qué discutirán, si son hermanos?
¿Por qué si igual les dí a todos mi sangre?

Al clarear el alba un mes de julio
quemaron cuatro besos en mi carne.
Se fueron Juan y Mateo por las eras,
Lucas y Marcos vi por los brezales.
¿Por qué opuestos caminos? Y se fueron
los cuatro a guerrear como chacales.
Juan y Marcos llevaban cinco rosas
de las que nunca he visto en los rosales.
Mateo y Lucas en la mente estrellas
y la camisa como tinta en sangre.

Los Cuatro Evangelistas los llamaban
porque eran cuatro santos sin altares.
Y a predicar se fueron por los campos
Un evangelio negro de puñales.

Yo lo supe después. La suerte quiso
que fueran a encontrarse en el combate.
Juan y Marcos a un lado, al otro estaban
Mateo y Lucas, con la misma sangre.

… Y allí los enterraron a los cuatro.
En una misma fosa, en los zarzales,
con una misma cruz. ¡Si eran hermanos!
¡Si eran los cuatro ríos de mi sangre!
Si al clarear el alba en aquél julio
cuando su beso me quemó en la carne,
no debieron salir, ni con las rosas,
ni con las camisas rojas como la sangre,
porque eran cuatro hermanos, cuatro ríos
del manantial sagrado de una madre,
y hermanos que se matan son Caínes,
en nombre de quien luchan o quien maten.

No hay comentarios:

Publicar un comentario