domingo, 30 de septiembre de 2012

Y TENÍAMOS QUE HABLAR

Ochenta pasos había
desde la puerta de hierro
hasta el fondo de aquél patio.
¿Lo recuerdas, compañero?
Lo recorrimos mil veces
en verano y en invierno,
siempre en la mente un mañana
y en el corazón un duelo,
cientos, miles de esperanzas,
alrededor de un proyecto.
Algún día se podrá…
Lo hicimos mal, eso es cierto;
pero eso no justifica
que haya que hundirse en el cieno.
¡Cuántas veces mi palabra
devolvió la vida a los muertos,
porque tal eran algunos
que andaban con paso lento,
recostándose cansinos
en sus propios pensamientos!
Cuántas veces mi palabra
-allí las llamaban versos-
hizo a esos muertos felices
aunque por unos momentos.

Pero un día se quejaron
de mi ausencia, lo recuerdo,
aquellos ochenta pasos
de aquél patio recoleto,
que quedaban sin mis risas,
que quedaban sin mis versos.
Aquellos ochenta pasos
fueron ochenta lamentos,
ochenta blasfemias negras
vomitadas sobre el viento,
entre la puerta y el muro,
entre el agobio y el tedio.

Y me fui y no pudimos
hablar ni de esto ni de aquello…
Y teníamos que hablar
de muchas cosas, recuerdo,
de muchas cosas, de muchas…
Compañero… Compañero…

1 comentario:

  1. en homenaje a Miguel Hernández, con quien mi abuelo compartió patio, charlas y cárcel...

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