domingo, 30 de septiembre de 2012

LA NOVIA

Al alba me ponía al bastidor
para bordar las sábanas del nido.
Oración y puntada en boca y manos,
y en la mente un concierto de jacintos.
El traje blanco estaba entre perfumes.
Las sábanas guardadas con membrillos.
Las contaba en el día veinte veces,
las abrazaba cual si fueran niños,
y cuando un beso dulce los ponía
el beso se marchaba al infinito.

Mi novio estaba lejos, en la guerra,
pero al marchar me había prometido…
Y no pudo cumplirme la promesa.
Se durmió para siempre en los olivos.

¡No me escribe…! Nadie me lo decía
y fue mi madre un día y me lo dijo.
Se murió un padrenuestro entre mis labios,
hubo en mi mente entierro de jacintos.

Todas las tardes fue, cuando lo supe,
A preguntar por él a los olivos.
Los oía decir: Se ha vuelto loca.
Y el eco iba brincando por el río.
El bastidor quedó sobre la mesa
y el blanco traje se volvió amarillo,
y entre las sábanas quedaron secos
arrugados y negros los membrillos.
¡No se ha muerto, es mentira! –me decía-
¡Es que está haciendo guardia n los olivos!

¿Por qué me lo matasteis? ¿Por qué?
Si están los limoneros en su sitio,
si aún sigue habiendo niños harapientos,
si aún sigue habiendo niños descalcitos,
si el Juez y el Secretario y la estanquera
son los mismos que antes había, son los mismos.
Únicamente el traje se ha cambiado
Pero siguen igual con su egoísmo.
Si hay más pobres, tal vez, que antes había
y el Señor Marqués, mucho más rico.
¿Por qué me lo matasteis? Sí. ¿Por qué?
¿Para que vuelva a estar todo lo mismo?
¿Para eso una oración entre mis labios
-yo era aún creyente- se fundió en un grito?

¿Por qué me lo pusisteis a hacer guardia
para siempre y por siempre en los olivos?
Algún día, tal vez, esta pregunta
Os volverán a hacer en otro Juicio.

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