Sensible como un bordón
con el alma de saeta,
olmo viejo, junto al río
soy soledad y tristeza.
Dios, contra mi voluntad
venció un día en la pelea.
Se arrancó lo que adoraba
y solo quedó en la arena
mi corazón frente a un mar
de olas blancas de azucena.
Y verso y vino y guitarra
no aminoran mi pena,
y salí a buscar ansioso
un camino, una vereda.
No hay camino, caminante…
Andando, andando se llega.
A veces, solo a un alcoba
-cama antigua, espejo y mesa-
bajo un sol menos caliente
que huele a muerto y a cera
donde un bordón, al pulsarlo,
más que lamentarse, reza.
He muerto, ya estoy tranquilo,
Dios me ha llevado con ella.
Caminante, no hay camino.
Andando, andando se llega…
Allí donde tú querías
o donde el azar te lleva.
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